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Declaración de fe

En tanto que cristianos evangélicos, aceptamos la Revelación del Dios único en tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) dada en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, y confesamos la fe histórica del Evangelio que se proclama en sus páginas. Afirmamos, por consiguiente, las doctrinas que consideramos decisivas para comprender la fe y que deben expresarse en amor, en el servicio cristiano práctico y en la proclamación del Evangelio.

1.-  Creemos que hay un solo Dios verdadero, el cual es hacedor y sustentador de cuanto existe. Que en la unidad de la Divinidad existen tres personas: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, los cuales son iguales en sustancia, atributos y gloria.

2.- Creemos que Jesucristo es Dios manifestado en carne. En el concurren dos naturalezas: la divina, con todos sus atributos, y la humana en absoluta perfección, constituyendo una sola persona indivisible. Creemos que su nacimiento fue virginal, su vida sin pecado, sus milagros, su muerte vicaria y expiatoria, su resurrección corporal, su ascensión, su obra de mediación y su segunda venida en poder y gloria.

3.- Creemos en la persona divina del Espíritu Santo, que regenera al pecador y santifica al creyente, en el cual mora, como prenda y garantía de su salvación eterna, para fortalecerlo, consolarlo y conducirlo en una vida de obediencia a Dios.

Creemos, asimismo, que el Espíritu Santo enriquece a la Iglesia con dones espirituales, le da unidad y la guía en el cumplimiento de la misión que le fue encomendada por Cristo.

4.-  Creemos que las Sagradas Escrituras (Los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento y los veintisiete del Nuevo Testamento) son inspiradas divinamente en su totalidad, sin error, dignas de toda confianza, y deben constituir nuestra suprema autoridad en todo lo concerniente a nuestra fe y vida.

5.- Creemos en la muerte de Cristo y que ésta tuvo como objeto la expiación de los pecados de los seres humanos, y que solo en virtud de los méritos de su muerte puede el hombre ser reconciliado con Dios y plenamente salvado.

6.- Creemos que todo ser humano nace en pecado, que está enteramente inclinado al pecado y con una conducta pecaminosa, y que, como consecuencia, esta destituido de la gloria de Dios. Solo la acción del Espíritu Santo puede transformarlo dotándolo de una nueva naturaleza, mediante la regeneración, para la cual requiere por parte del individuo el arrepentimiento y la fe en Cristo, condiciones indispensables para obtener la salvación.

La justificación del pecador solamente por la gracia de Dios, por medio de la fe en Cristo crucificado y resucitado de los muertos.  El sacrificio vicario del Hijo de Dios encarnado, único fundamento suficiente de redención de la culpabilidad y del poder del pecado, así como de sus consecuencias eternas.

7.- Creemos que habrá resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos; los justos para la felicidad eterna los injustos para la condenación eterna.

8.- Creemos que todos los redimidos constituyen la iglesia Universal y son miembros del Cuerpo, cuya única cabeza es Cristo.

Creemos que una Iglesia – en el sentido de congregación local – es una agrupación de creyentes en Cristo, bautizados según las enseñanzas del Nuevo Testamento, unidos bajo la dirección sagrada del Espíritu Santo, para tributar culto a Dios, promover la edificación de sus miembros, practicar las ordenanzas de Cristo y difundir el Evangelio.

9.- Creemos que el señor Jesucristo dejo establecido dos ordenanzas para ser observadas por los creyentes: El Bautismo y la Santa Cena. El Bautismo, símbolo de nuestra muerte al pecado y resurrección a nuestra vida en Cristo, se efectúa por inmersión en agua, en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. La Santa Cena fue instituida para conmemorar la muerte de Cristo y debe celebrarse con ambos elementos, pan y vino, símbolos del cuerpo y de la sangre del Señor, respectivamente.

10.- Creemos que el matrimonio es una institución divina primigenia creada por Dios, por medio de la cual, libre y voluntariamente, un hombre y una mujer, biológicamente nacidos como tales, se unen de manera estable y permanente para vivir juntos, amarse, respetarse, ser de ayuda mutua y constituir un hogar de bendición para sí mismos y, en su caso, para sus hijos y el entorno que les rodea. (Génesis 2,24).

11.- Creemos que la familia fue diseñada para constituir el germen y la base de la sociedad, por lo que la Iglesia debe desarrollar una pastoral de apoyo con el fin de fortalecer la institución familiar, al creer que el incremento de las familias saludables según el modelo del Evangelio favorecerá también la buena salud de la sociedad.

12.- Creemos que en el gobierno o autoridad civil existente por disposición divina, para los intereses y el buen orden de la sociedad humana, y que debemos orar por los magistrados honrándolos en conciencia y obedeciéndoles, salvo en cosas que sean opuestas a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, único dueño de la conciencia y príncipe de los reyes de la tierra.

13.- Creemos en que Jesucristo ordenó dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios y, con ello, promovió la libertad de acción del poder civil, pero también de su Iglesia, que en todo momento es y debe ser responsable de sus propios actos, debiendo proteger su plena autonomía y la libertad tanto en su forma de organización como en la forma de adoptar sus decisiones.

Es por ello por lo que creemos que las decisiones espirituales o que afecten a cuestiones doctrinales de esta entidad no son susceptibles de ser posteriormente revisadas por las autoridades estatales.

14.-        Creemos en el sacerdocio de todos los creyentes, que, en la unidad del Espíritu Santo, constituyen la Iglesia universal, el Cuerpo del cual Cristo es la Cabeza, comprometidos por el mandamiento del Señor a la proclamación del Evangelio en todo el mundo. Por ello conforme a nuestro entendimiento bíblico, creemos en Iglesias y comunidades de creyentes cuyas autoridades principales, pastores y ancianos, sean hombres escogidos conforme a los parámetros bíblicos para tales efectos.

La esperanza del retorno visible de nuestro Señor Jesucristo en poder y gloria, la resurrección de los muertos y la consumación del Reino de Dios.

15.- Creemos en que la gran comisión establecida en Mateo 28 es algo que debemos obedecer todos los creyentes, motivando a las personas para IR a predicar el evangelio y Hacer discípulos a todas las naciones como dijo Jesús. Por ello creemos que los creyentes estarán dispuestos a salir de su entorno por amor de Cristo para extender el Reino de Dios en lugares donde no hay testimonio cristiano.

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